Inducción al Habla



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La Inducción al Habla

No se piense que la diferenciación que hemos realizado es real; su justificación es exclusivamente metodológica. El profesor sabe perfectamente que a estas edades tempranas debe haber una mezcla de ejercicios físicos generales y desmitificadores particulares, en proporción variable según el grado de evolución de cada niño. A ellos se unirán ejercicios desmitificadores e inductores a la palabra, progresivamente aumentados a medida que se aproxima a los cinco años. Esta elasticidad es imprescindible a la hora de plantear una metódica. «Se sabe que siempre existe una desfase considerable entre el momento en que el niño comprende una palabra y el momento en que es capaz de decirla» (Morgan). Dicha situación se extrema en el niño afecto de una hipoacusia importante.

Por tales circunstancias, en el niño sordo se han de elegir determinados objetos que le interesan de una forma primaria, tales como un patito de juguete, el recipiente de los alimentos, el vaso donde bebe, seleccionados en base a su simplicidad fonética, para serle ofrecidos como tema de uso y juego, al tiempo que se repite su nombre con una correcta vocalización: PA-TO, PLA-TO, VA-SO.




La intuición del profesor en la Inducción al Habla

El profesor trabaja sobre las listas existentes en los diferentes tratados monográficos, va aumentando el número de objetos inmediatos que amplían el vocabulario del niño. Esta complicación progresiva crecerá en función del ritmo de aprendizaje del niño, pero sin dejar de repetir los conocidos anteriormente. La observación atenta de cada alumno permite al profesor la adquisición de un stock de conocimientos hacia los que cada niño muestra un especial interés.

Desde un principio se establecerán comparaciones en cuanto al tamaño (esta pelota es más grande que ésta), de sujeto-tamaño (yo soy más alto que tú; este niño es más pequeño que aquel), de tamaño-situación (este coche es mayor que aquel), de situación pura (este paquete está arriba; ahora la puerta está abierta, antes estaba cerrada) y en los que se va introduciendo progresivamente los verbos de acción (doy de beber a la mueca; el niño anda; voy a comer, estoy comiendo) en los que es conveniente que la palabra se una al gesto que indica la acción del verbo.

La comprensión del sentido de una palabra se facilita si se la propone en un contexto variado. Así, la palabra delante puede indicar tanto un sentido de marcha como de parte delantera de un cuerpo, arriba es una cualidad tanto del tejado de la casa como sirve para expresar la subida de un pájaro que vuela.

De la misma forma se le hace comprender que la acción del verbo puede ser compartida por diversos sujetos: el niño utiliza la mano para comer, pero también el gatito come, o se come con una cuchara, o se come en el plato; tanto el niño como la bicicleta corren.

Si el maestro pone en evidencia las características de los objetos, el niño accede al concepto de la cualidad: la casa es grande, la mesa es pequeña; la comida puede estar caliente o fría; un globo inflado esta duro mientras que el globo deshinchado es más blando.

Al concepto experimental del tiempo se llega recordando con frases sencilla hechos ocurridos horas antes o el día anterior. Es conveniente que la situación no sea excesivamente cercana lo que le resta un sentido temporal. Al proponer el sentido del pasado-presente-futuro, Morgon recomienda el uso de un calendario, en el que el niño asocia el paso de páginas hacia delante o atrás al paso del tiempo.

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