El Lenguaje Manual

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El Lenguaje Manual

Es de experiencia común el hecho de que cuando una persona se ve privada por cualquier causa de la comunicación oral; recurre a los gestos para expresar sus deseos o necesidades. Dicha suplencia es algo instintivo en el ser humano. Por tal razón, diversos autores creen que en el lenguaje manual es el más natural y primario en el niño privado de audición y sobre el cargan la responsabilidad de la comunicación interpersonal. Gracias a él, se consigue una comunicación total e instantánea y, prueba de su profunda implantación en los esquemas del cerebro humano, es que nunca es posible eliminar algún tipo de expresión gestual, aun con la más rígida educación oralista.

Para algunos tratadistas, el niño con una hipoacusia importante pero con restos auditivos; llega a alcanzar una comunicación oral, pero si se carece totalmente de ejemplos sonoros aunque deteriorados, esta metodología fracasa debiendo recurrirse al lenguaje manual (Lewis).

Por el contrario de estas cualidades positivas surgidas de una efectividad que avala su utilización; existen diversas circunstancias que obligan a que su uso no se generalice. Así, el sujeto privado de audición que recurre al método de lenguaje manual se encuentra inmerso en un mundo en el que el sistema expresivo es el sonoro; las personas que se relacionan con él generalmente desconocen su sistema lo que se traduce en un bloqueo de comunicación que, a veces solo puede ser roto mediante la escritura. Además; la limitación expresiva de los signos reduce las responsabilidades de expresar con riqueza un mundo interior mucho más amplio y matizado que lo que es capaz de expresar el más rico vocabulario. (A este propósito es conveniente citar que el vocabulario más universalmente aceptado es el descrito por Maragoto, Vukotic, Marroquin y Sutcliff.




Las Modalidades del Lenguaje Manual

Ha sido desarrollado bajo dos modalidades fundamentales:

Alfabeto Manual:

Las manos realizan determinados gestos equivalentes a signos gráficos. Gracias a ello se consigue una gran precisión de expresión en menoscabo de la rapidez, ya que realmente las manos deletrean cada palabra. Consecuentemente; para que la persona sorda adquiera este lenguaje es necesaria una concepción previa de la estructura de la palabra escrita; lo que precisamente está dificultando en el sordo. Esta técnica fue descrita en el siglo XIII por fray Juan de Fidenza y desarrollada en el XVI por el español fray Melchor de Yebra, de él que la recogería Juan Pablo Bonet, siendo denominada posteriormente como dactilología.

Hasta cierto punto, el uso del alfabeto manual presupone el dominio de la lectura (en las manos) y de la escritura (descifrando los grafismos de configuran cada palabra) mediante un sistema visual; para pasarlos a otro mecánico-manual. Es preciso una gran atención hacia las manos que excluyen la posibilidad de dirigir la mirada hacia cualquier otra parte del cuerpo del interlocutor, como por ejemplo; los labios, la cara, etc., lo que conduce a una cierta desconexión anímica entre ambos interlocutores. Para Perelló concurren como consecuencias negativas de esta metodología, la falta de ejercicio de los sistemas locutorios imprescindibles para reforzar el pensamiento, desarrollar la memoria y agilizar la psicomotricidad.

Método Mímico:

Al objeto de solventar las dificultades manifiestas al comentar el alfabeto manual; fue propuesta esta metodología que, como aquel, utiliza los gestos de las manos como vehículo de expresión, pero sistematiza una comunicación más espontánea y directa con el concepto, sobre la base de la ley del mínimo esfuerzo.

En este sentido, el lenguaje mímico emplea movimientos de manos en lugar de posiciones determinadas como hace la dactilología. Así, la referencia al sujeto, al interlocutor o a terceras personas se manifiesta señalando a uno mismo, al otro o hacia los demás. Un movimiento circular del índice indica un sujeto múltiple (nosotros). La ordenación temporal de dos cosas se indica mediante su enumeración sucesiva (para expresar «El niño juega con el balón» se señalan sucesivamente el pequeño y al juguete más el gesto de jugar). Con él se puede expresar cualidades de las situaciones (el hecho de cenar está indicado por el gesto de comer y el gesto de noche). Los números se indican con los dedos de la mano.

Esta claramente demostrando que el niño que gesticula más es más inteligente; ya que manifiesta su riqueza interior con más medios de comunicación. Sin embargo; siempre se verá con dificultades para matizar las diferencia entre nombre, adjetivos y tiempos verbales a los que ha de añadir los signos peculiares de antes (pasado) ahora (presente) y después (futuro).

Este método, de gran rapidez y muy utilizado incluso en sujetos que recibieron una educación oralista, precisa de los gestos faciales para expresar las emociones. No obstante, su utilización también bloquea la comunicación con la mayor parte de los normo oyentes ajenos al mundo de la hipoacusia.

El método mímico, más pragmático que el alfabeto manual, ha ido desplazándolo en el uso habitual de las personas privadas de audición y es empleado como solución alternativa incluso por sordos educados en escuelas oralistas; sobre todo en conversaciones con otros sordos.




Palabra Sugerida

Este método propuesto por Ornett (1965), supone una labor sintética entre las escuelas manualistas y orales, conjugando diez signos no representativos de palabras con el uso de la labio lectura.

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